A veces el mundo se mueve fuerte. Y aunque no estemos involucrados directamente, algo dentro de nosotros se activa.
El
ruido en el Planeta es ensordecedor, está por todas partes, con un sinfín de
noticias, debates sobre políticas sociales, sufrimiento humano, agresión,
discriminación... y así sucesivamente, hasta la saciedad. Mire donde mire, hay
un bando que tomar, ya sea político, social, religioso, etc. Todo es un caos, y
todos quieren ser noticia. El conflicto está vivo y presente en el planeta
Tierra. Puede que no sea consciente de ello, pero eso no significa que no te
este afectando. Tú cuerpo lo siente.
El
miedo se ha convertido en uno de los negocios más rentables del mundo moderno.
No se vende como producto, sino como sensación constante. Noticias alarmistas,
amenazas invisibles, crisis anunciadas una tras otra crean un estado permanente
de ansiedad colectivo. Cuando la gente tiene miedo, no piensa con claridad. Y
cuando no piensa, obedece. Lo curioso es que el miedo nunca afecta a todos por
igual.
El ruido en el Planeta es ensordecedor, está por todas partes, con un sinfín de noticias, debates sobre políticas sociales, sufrimiento humano, agresión, discriminación... y así sucesivamente, hasta la saciedad. Mire donde mire, hay un bando que tomar, ya sea político, social, religioso, etc. Todo es un caos, y todos quieren ser noticia. El conflicto está vivo y presente en el planeta Tierra. Puede que no sea consciente de ello, pero eso no significa que no te este afectando. Tú cuerpo lo siente.
El miedo se ha convertido en uno de los negocios más rentables del mundo moderno. No se vende como producto, sino como sensación constante. Noticias alarmistas, amenazas invisibles, crisis anunciadas una tras otra crean un estado permanente de ansiedad colectivo. Cuando la gente tiene miedo, no piensa con claridad. Y cuando no piensa, obedece. Lo curioso es que el miedo nunca afecta a todos por igual.
Mientras millones
viven con incertidumbre, quienes están en la cima del sistema acumulan poder, y
riqueza. El miedo no surge por accidente. Se administra, se dosifica y se
renueva cuando empieza a perder efecto.
No te apegues a los detalles ni te resistas al viejo mundo.
Simplemente mantén tu propia luz encendida y actúa como un faro. Y no olvides
que eres conciencia, y luz. No dejes de brillar, porque cuando brillamos tocamos el alma del otro, y eso también es ser un faro.
Un infinito abrazo de luz.

Hola Cristina, me alegra mucho leerte.
ResponderEliminarPalabras maravillosas para la vida tan alterada que tenemos, puede realmente ser muy estresante. Un abrazo fuerte y ojalá brille la luz.