miércoles, 24 de febrero de 2016

ÁBRETE A LA VIDA...

La respiración es fuente de vida..., por eso en cada situación que no sea adecuada en nuestra vida, "párate un momento" y respira... Respira lenta y profundamente, esta respiración consciente que entra en cada uno de nosotros, es aliento de vida. Cuando respiramos conscientemente estamos dando un mensaje a nuestro cuerpo, le estamos diciendo que elegimos vivir...
Al respirar no estamos abriendo a nuestra Maestría, cuando respiremos con consciencia y decisión, conforme vamos respirando se abren todos nuestros sentidos, si así lo elegimos. Ábrete a la vida con cada respiración, y respira bien y profundo desde el corazón.  

Cristina

jueves, 18 de febrero de 2016

ESPERANZA

Soy la que teje tus alas, 
la que te canta en susurros con voz de viento,
la que vibra en tus labios cuando nombras al Amor,
la que habla en cada latido,
en cada paso, en cada impulso. 
Soy la que enciende la vela en las noches oscuras del alma,
la que acuna tus sueños,
la guardiana de tu fuego interno,
la que prende la llama de lo que ha de nacer. 
Soy la hoguera de tu alma, 
las plumas entrelazadas de tus pasos. 

Soy el aullido a la luna, 
el abrazo indetenible de la vida,
el empuje de tu propio parto,
naciendo y renaciendo en ti,
una y otra vez.
 La que te canta imposibles
con voz de paisajes posibles,
la raíz más profunda de tu bosque,
el fuego cálido de tu hogar interno,
la semilla que brota derribando muros,
y reverdece las horas cansadas,
la que gesta un mundo renacido
en este mundo gestante.
Soy la voz de la Esperanza,
y vine para quedarme.
Ada Luz Márquez 

domingo, 14 de febrero de 2016

ANTHARUS DRAGON AZUL

Hace cien mil años, el dragón azul Antharus, habitante de Lemuria, abandonó Gaia. Antharus fue un dragón maestro. Estando de pie medía nueve metros, de ala a ala, completamente extendidas, alcanzaba unos veintidós metros. Antharus nos enseñó acerca del efímero sueño durante milenios, antes de la existencia del miedo. 
Pero, hace cien mil años, en una noche que jamás olvidaremos, ni que no  lo recordemos, nos habló sobre cómo recrear el cielo en la tierra, porque se acercaba la hora de jugar el juego de la dualidad. Esa última noche en la que lo vimos, antes de que regresara a su lugar de nacimiento, nos contó un cuento, un cuento que no sólo perduraría en nuestro recuerdo, sino que sería un cuento que se nos quedaría grabado también en nuestra memoria álmica. Alrededor de una hoguera azul-violeta escuchamos sus sabias palabras.
Había una vez un grupo de ángeles deseosos de danzar en un baile de máscaras, que decidieron jugar al juego de la vida. Para ello, planearon aparentar ser otra cosa distinta de lo que eran. Sería muy divertido fingir ser humanos, pensaron. E idearon el juego, lo planificaron concienzudamente, de forma que lo dejaron sin destino. Cada ángel fingiendo ser humano tendría la capacidad de jugar y mover sus piezas a su antojo. Ninguna divinidad marcaría su sino. Todo humano sería capaz de ser creador de realidades, todo individuo sería amo de su camino.
Y así lo hicieron, pues así lo imaginaron. Sin embargo, pasado el tiempo, después de tantos trajes de piel, los ángeles olvidaron su divinidad, olvidaron que eran espíritu, y creyeron que eran sólo impotentes humanos. Y maldijeron su infortunio, su pena, su aislamiento, su dualidad, sus obstáculos.
Entonces, los ángeles que pretendían ser humanos, pensaron: “nos hemos perdido, no sabemos quiénes diablos somos. Nada nos podrá salvar nunca.”
Así sienten los humanos que fingen ser almas oscuras. Mas las almas son todas eternamente divinas, pero, para jugar al juego de la dualidad en el juego de la vida, aparentan que están perdidas. En realidad, no hay ángel caído, ni alma solitaria, ni divinidad vengativa, sólo existen los ángeles divinos jugando el juego de la vida.
Aquella centelleante noche aprendimos con Antharus que no existe la negrura y que aquellos que trabajan para la oscuridad, también son, o en su momento serán, guerreros de la luz sin ataduras. Y he aquí que el juego de la dualidad comenzó. Los ángeles que fingían ser humanos malvados comenzaron a perseguir a todos los dragones, pues anhelaban su sangre, que creían mágica. Muchos dragones fueron masacrados, y partieron al otro lado, sin rabia ni rencor. 
Pero, Antharus escapó. Hermanos y hermanas, amantes de los dragones, recordad esta estampa: Antharus volando, en un cielo inmenso, de vuelta a casa. Antes de irse, dedicándonos su última mirada-sonrisa, Antharus prometió que volvería. Cuando retorne la magia, cuando recordéis que todos somos uno, dragones y ángeles simulando ser individuos, volveréis a ver mis alas extendidas. 

jueves, 11 de febrero de 2016

TEJIENDO

Tejiendo vamos pasando la vida.
Y todos los acontecimientos que
marcaron nuestra existencia...
Tejiendo, vamos haciendo los sueño, los anhelos, la palabra, los recuerdo.
Tejiendo, vamos disfrutando de las pequeñas cosas.
 Tejiendo, vamos trazando alas de esperanza.
Quizás sea el espíritu tejiendo los hilos del mañana.
O la voz que habla dentro de tu alma.
                                   

miércoles, 3 de febrero de 2016

MUJERES LEMURIANAS

Si fuiste mujer en la Hermandad Femenina de Lemuria, ya que solían ser círculo de mujeres que sentían de cierta manera, y estas mujeres llevaban lo que es la búsqueda de cómo proceder con la vida. Todo el propósito de la Hermandad era que, más tarde estas mujeres contuvieran esa energía y continuaran pasando esta sabiduría femenina a las otras. Una sabiduría suave, que afectaría a todos a su alrededor. Porque ellas tenían la capacidad de plantar las semillas en muchas generaciones, y eso hicieron. Diríamos que fueron entrenadas para esto.
Esta Hermandad Femenina de Lemuria, estaba allí cuando cada una daba a luz a su primer hijo. Todas tenían hijos, a menos que fueran estériles. Esto era simplemente la forma de vivir en una cultura primitiva: todas daban a luz. Cuando lo hacían, había un protocolo: las Hermanas estaban allí. A cada niño nacido en la isla, el pequeño continente de Lemuria, las Hermanas lo rodeaban. Imaginen el despertar de ese bebé, y la consciencia, con todas las mujeres participando.Tocaban las manos o el cuerpo de la que estaba dando a luz, en sus gritos o su sufrimiento, o su dolor, incluso tal vez en su muerte. Si así era, si había complicaciones, la Hermandad estaba allí.
Cada una de estas mujeres sabía que tenía ese apoyo, y si había complicaciones, en el caso en que no saliera adelante y el niño viviera, sería cuidado por aquellas que eran de energía femenina y compasivas y tenían la semilla espiritual, y morían en paz, no en frustración. Bueno, eso era una excepción. Imaginen dar a luz y la alegría de esto en el dolor, y en lugar de retorcerse las manos, cada una sostenía la mano de otra, en un círculo tomadas de las manos, combinando sus manos con la que estaba dando a luz. Si por alguna razón no era posible sostener su mano, tocaban su cuerpo. Siempre se hacía un círculo, y en el momento del nacimiento el círculo estaba completo.
Cuando el niño nacía, con el primer llanto, se soltaban las manos y aplaudían. ¡Bienvenido a la Tierra! Y ese era el primer sonido que el bebé oía: la Hermandad aplaudiendo. Cuando una hermana fallecía, ella se iba de la misma manera que había llegado: sosteniéndola de las manos. Había un evento compasivo, una ceremonia de despedida con la Hermandad. No se trata solo de espiritualidad, es propósito y belleza. Si pudieran pasar eso en el planeta, honrar el nacimiento de este modo; honrar la muerte de este modo; que la vida misma sea suave, compasiva y hermosa. Esto era la Hermandad Femenina de Lemuria.
                                                                        
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