Las
lavanderas de antaño,
caminaban
por largos caminos,
de
piedra y barro.
Para
lavar la ropa en los arroyos,
con
el cesto de la ropa
cargan
sobre sus hombros;
entonan
una cantinela
con
canciones de antaño.
Con
el sonido del agua,
se
funden en sus labores
mientras
la ropa van lavando,
con trozos de jabón casero,
en
viejas piedras del campo.
Y la sacuden al viento,
escurriendo y tendiendo,
la tienden en las
zarzas.
Y el sol que es generoso,
la va soplando y secando.
Y la tarde va cayendo,
termino la
jornada,
para volver a sus casas.
Con el cuerpo abatido
por el cansancio acumulado,
de todo un día, de esfuerzo y trabajo.
Cristina.










