
Cuando la gente te causa dolor o se enoja contigo, debes darte cuenta de que lo que quieren de ti es que los ames. Ellos también experimentan su propio dolor y no tienen nada que ver contigo. Aunque quizá te acusen o te digan que todo ocurre por tu culpa, cualquier dolor que te echen en cara procede en realidad de su propio dolor interior, de lugares que hay dentro de sus corazones y que todavía no han sido abiertos. Cuando la gente se enoje contigo, retrocede. Debes darte cuenta de que no conocen una forma mejor de despréndese de su dolor que hablar de él.
Si dicen que hiciste algo mal, que eres malo, que les has hecho daño o causado agravio, no permitas que sus palabras te afecten. Desde darte cuenta de que acusar a los demás es la única forma que conocen de afrontar el dolor que sienten. No creas que eres responsable. Ellos son responsables por su propia alteración o cólera. Así pues, si empiezan a expresar su cólera, no discutas ni te defiendas; limítate a permanecer en silencio, a mantener abierto tu corazón y centrar tu amor sobre ellos.
Deja que exprese su energía. Una vez que lo hayan dicho todo, tú seguirás estando en tu espacio amoroso y equilibrados, sitiándote bien contigo mismo. Habrá dominado así una de las lecciones más difíciles: la de permanecer equilibrado ante la cólera y el dolor.









