Minuto a minuto, los medios de comunicación denuncian que el mundo se cae a pedazos. La naturaleza llora y se retuerce de dolor, pero el hombre permanece indiferente. Pareciera que gran parte de la humanidad no está dispuesta a cambiar. No quiere que se la despierte.
Hoy estamos frente a un momento histórico de la humanidad, que demanda flexibilidad y adaptabilidad. Pero por sobre todo demanda el despertar de una conciencia adormecida, que necesita que la mente, el cuerpo y el espíritu funcionen de manera sincronizada.
Los obstáculos que la vida nos pone, son oportunidades disfrazadas para que podamos mejorar. Cada experiencia es intransferible. Nadie más que nosotros somos responsables de nuestros propios actos. Con cada decisión contribuimos a que el mundo florezca o se marchite.
Es tiempo de que aflore lo mejor de cada uno. Es tiempo de escuchar la voz del corazón. Es tiempo de que nos animemos a derribar los muros de nuestros temores y prejuicios, para salir del pantano de la deshumanización.
Recuperemos la sabiduría de vivir en armonía con la madre naturaleza.
Dejemos las creencias de lado. Trascendamos las divisiones. Sintonicemos con lo más puro de nuestro ser y asumamos el compromiso de cambiar. Nadie puede hacerlo por nosotros. Es una tarea que tenemos que hacer nosotros. No tenemos demasiado tiempo. Debemos comenzar ahora. El futuro no es más que una proyección de la mente y el pasado se compone sólo de la suma de recuerdos.















